Camino cuaresmal con destino pascual

Iniciamos un camino cuesta arriba en el que el Evangelio quiere abrirse paso y hacerse compañero de ruta. ¡Qué bueno no caminar solos! ¡Qué bueno contar con alguien que nos apoya y nos ayuda a recorrer el trayecto, llamados a recorrerlo como una oportunidad de peregrinación interior hacia Aquel que es fuente de misericordia! Un camino cuaresmal que es bendición de Dios para nuestra vida y para la vida de toda la Iglesia, un tiempo de gracia que se nos concede y que debemos aprovechar. Un camino necesario para rehacer nuestra vida a la luz de la Palabra de Dios que constantemente nos invita a la conversión. Así nos dirigimos a Dios en este primer domingo: «Concédenos avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud». 

Conocer y vivir: dos palabras que pueden definir una voluntad de crecimiento hacia la madurez cristiana, la única capaz de vencer la ignorancia religiosa y dar respuesta a los retos que cada día se nos presentan. La comprensión del misterio de Cristo y su vivencia plena nos llevan a la contemplación de uno de los relatos más significativos de los inicios de su vida pública y que tocan de lleno nuestra pretensión de sustituir el lugar de Dios en nuestra vida mediante aquellas tentaciones que nos asedian y que proponen la oferta de una felicidad inmediata, de triunfo fácil, de éxito deslumbrante, de abuso de poder… 

¿Cuáles son estas tentaciones que se nos presentan como ofertas apetitosas? Entre otras, analicemos estas a la luz de la Palabra de Dios: la tentación de excluir a Dios como origen de nuestra existencia, de todo lo que ha sido creado; la tentación de decirle constantemente «no te necesito» o «no me interesas»; la tentación de organizar la vida al margen del Evangelio, como si no fuésemos seguidores de Jesús; la tentación de dar prioridad a toda pretensión egoísta y situarnos en el centro de todo; la tentación de no reconocer las propias equivocaciones y culpabilizar a los demás; la tentación de querer «dominar» al otro, y hacerlo objeto de mis caprichos y de mi egoísmo; la tentación de querer ir solo, sin contar con los demás; la tentación de insolidaridad, que cierra el corazón a tanta necesidad de ayuda humanitaria; la tentación de autosuficiencia, que nos blinda en nuestras seguridades materiales; la tentación de agresividad física, escrita y verbal que conduce a la crispación y a la desconfianza. Añadamos a la lista la tentación de abandonar poco a poco la participación, lo que deshace la comunión eclesial. Jesús venció siempre la tentación, nosotros somos invitados a lo mismo, haciendo camino con Él, dejarnos ayudar y actuar como Él.  

Sants del dia

25/06/2024Sant Pròsper d'Aquitània, sant Guillem abat, santa Euròsia.

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