Entre dos fiestas: san Antonio y san Sebastián, dos referentes para nuestra fe y nuestra cultura
¿Cómo vivimos estas fiestas tan arraigadas en nuestro pueblo? ¿Qué celebramos realmente? La afluencia de tantos demonios, ¿qué aporta a nuestra cultura? Los santos, ¿qué espacio ocupan en la mentalidad popular y qué conocimiento tenemos y transmitimos de ellos? ¿Podemos hablar de referentes cristianos para nuestra cultura y para el crecimiento de nuestra fe? En definitiva, ¿qué sentido tiene lo que celebramos estos días? ¿Qué significa, como toda fiesta, de renovación de nuestra convivencia?
Estos años me he esforzado por profundizar en el sentido que tiene celebrar a san Antonio y san Sebastián, dos fiestas muy nuestras y que hacen vibrar de entusiasmo. Irá bien que también hagamos el esfuerzo de profundizar en quién son estos dos santos y qué incidencia tiene su personalidad en nuestro caminar como pueblo y, sobre todo cuáles son sus raíces cristianas. Nos puede ir bien hacerlo, porque nos puede ayudar a hacer las cosas con sentido y vivirlo con autenticidad.
De san Antonio me gusta, en primer lugar, no verlo rodeado solamente de diablos que lo tientan, aunque es cierto que, ya adulto, él gana y vence el mal, sino contemplarlo en el momento más decisivo de su vida, cuando a sus 18 años entra en una iglesia y escucha, del Evangelio que se proclama, estas palabras de Jesús dirigidas a un joven: «Si quieres ser perfecto, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme» (Mt 19,21). El joven Antonio no piensa un segundo, lo deja todo, familia y bienes, y sigue a Jesús. Este es el hecho referencial. Entonces, su vida como fundador del monaquismo inicia una corriente de espiritualidad que la marcará toda, aunque no quedará exenta de dificultades y tentaciones. Pero, como conoce y vive nuestra tradición popular, saldrá vencedor de ellas. Creo que san Antonio puede ser un buen referente para nuestra juventud, capaz de respuesta generosa y sedienta de sentido.
De san Sebastián, quiero valorar su valentía a la hora de dar testimonio de su fe en Jesús. Vive en medio de un ambiente que le obliga a dar culto al emperador y renunciar a su fe. Tiene claro que debe ejercer la objeción de conciencia y oponerse al ofrecimiento que recibe, aunque era muy bien valorado formando parte de la guardia pretoriana. En la liturgia de su fiesta leemos este fragmento del Evangelio: «Dice Jesús: Dichosos vosotros cuando, por mi causa, la gente os odiará, os rechazará, os ofenderá y tratará vuestro nombre como infame: alegraos aquel día y celebradlo, porque vuestra recompensa es grande en el cielo» (Lc 6,22-23). Sebastián ya había sido bautizado como cristiano, pero ocultaba sus creencias por miedo a ser represaliado, ya que hay que recordar que por aquellos días el cristianismo era perseguido duramente por el emperador y las autoridades romanas. Desde su posición sirvió con provecho a la Iglesia practicando obras de apostolado entre sus compañeros militares, haciendo oración, visitando y confortando a los que estaban encarcelados por su condición cristiana. Con buenas pero firmes palabras, Sebastián explicó al emperador que perseveraría en su fe hasta la muerte.
Estamos ante dos referentes, Antonio y Sebastián, que dan origen y contenido a nuestras dos fiestas y son muy amados y venerados por nuestro pueblo. Somos invitados a vivirlas a partir de ellos y a tenerlos como modelos para nuestra vida cristiana, hoy. Los jóvenes, identificándose con la decisión de seguir a Jesús; y todos, jóvenes y adultos, haciendo propia la valentía de dar testimonio de la propia fe en Jesús, incluso entre dificultades y persecuciones.
















