Con perseverancia, mucha ocasión de dar testimonio

Cuando empezó el Concilio Vaticano II, hace ahora sesenta años, Juan XXIII, aquel Papa a quien se veía de transición, despertó a la Iglesia y abrió los ojos de todos, deshaciendo visiones catastrofistas y ayudando a iniciar un gran período de renovación. Con qué acierto describía en aquel momento, en muchos aspectos semejantes a la situación de hoy y, como un pastor, como un párroco de parroquia grande, decía: «En el cotidiano ejercicio de nuestro ministerio apostólico llegan, a veces, a nuestros oídos, hiriéndolos, ciertas insinuaciones de algunas personas que, aun en su celo ardiente, carecen del sentido de la discreción y de la medida. Ellas no ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina; van diciendo que nuestra época, comparada con las pasadas, ha ido empeorando…». Es la llamada a una puesta al día, a una verdadera conversión, a superar toda visión pesimista y a estar abiertos a la acción del Espíritu.

 

La Iglesia, que quiere mostrarse madre amable de todos, paciente, llena de misericordia y bondad, siempre ha exhortado a la perseverancia y ha animado a superar las pruebas con la firmeza de la fe y el consuelo de la esperanza. «Teneos por muy felices sean cuales sean las pruebas que pasáis, sabiendo que vuestra fe probada engendra paciencia. Pero la paciencia, debéis mantenerla plenamente hasta el final; así seréis perfectos en todo y no os faltará nada» (St 1, 2-4). Es la proyección positiva que tiene cualquier mal trago. Por ello, pide activar la fortaleza, el don recibido del Espíritu, para dar testimonio.

 

Hablamos de tiempos difíciles, pero seamos realistas: ¿Es que ha habido tiempos fáciles para los seguidores de Jesús? ¿Lo fueron para Él? Dice el salmo que «es el Señor quien salva a los justos, los protege en días de peligro». Esta es la oportunidad de gracia que nos ofrece para llegar a la perfección. Tiempos difíciles, ciertamente, pero con mucha mecha humeante que no hemos de apagar, y mucha caña cascada que no podemos desestimar ni terminar de cascar, siempre con la alegre noticia de una promesa que enardece una vez más nuestra esperanza.

 

Jesús nos pone al día de engaños, de falsos mesianismos, de rumores de guerras y terremotos, de epidemias y de hambre de persecuciones, de detenciones y comparecencias ante los tribunales. Son datos de la experiencia humana constatables hoy en muchas partes del mundo y de aquí, frente a las que el cristiano muestra la firmeza de la fe reforzada por la perseverancia, hasta que llega la ocasión de dar testimonio. El Espíritu Santo habla, hasta llegar a confundir a los que se obstinan en contradecirnos, manteniéndonos en toda ocasión dispuestos a dar testimonio.

Sants del dia

08/02/2023Sant Jeroni Emilià, santa Josefina Bakhita, sant Esteve abat.

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