Contra el hambre, la pobreza y la violencia, pongamos la paz y el desarrollo

Desde Manos Unidas, mediante la Campaña contra el hambre, se nos dice que ninguna victoria armada podrá compensar el dolor de las madres, el miedo de los niños y el futuro robado. Por una paz desarmada y desarmante, que es el lema que el papa León XIV pone a nuestra consideración para que tengamos claro el camino a construir juntos. Son millones de personas que sufren la exclusión, el hambre, la pobreza, la violencia y la injusticia, situaciones que a menudo pasan desapercibidas y olvidadas en la indiferencia de los que miran hacia otra parte, encerrados en sus propias seguridades y conveniencias, envenenadas por el egoísmo. Hoy es más humana y evangélica la reacción solidaria de los que a través de la educación, el reconocimiento de los derechos humanos y el esfuerzo diario por la igualdad entre todos los seres humanos, hacen que la sociedad crezca en la dignidad que se merece.

Hambre, pobreza y violencia. Los datos que nos llegan desde organismos oficiales dibujan el preocupante panorama actual sobre la violencia vinculada a la pobreza. En el mundo, 1.100 millones de personas viven actualmente en pobreza multidimensional aguda, más de la mitad, niños. 455 millones de estas personas pobres residen en países en guerra, fragilidad o con bajos niveles de paz. Podemos ver los desplazamientos que todo ello ocasiona: a finales de 2024 había 73,5 millones de personas desplazadas en sus propios países, y otras 42,7 millones refugiadas en otros países. La pobreza y el hambre van unidas a la violencia, que es estructural, cultural y directa; significa que estos millones de persones perciben que no existen vías pacíficas que les permitan disfrutar una vida digna.

Desde Manos Unidas se constata que la consecuencia más importante de la violencia armada es el aumento de la pobreza y el hambre, revirtiendo épocas de progreso. Se trata de una barbarie a la que grupos humanos como las personas mayores, la infancia (víctima de reclutamiento y violencia sexual) y las mujeres (víctimas de violación y trata) resultan vulnerables. Las causas provienen de tres ámbitos conectados entre sí: 1) el control absoluto del poder político en forma de ambición de poder, unido a demandas de autogobierno, poder geoestratégico ligado al negocio armamentístico y agendas yihadistas; 2) el ámbito de la apropiación de las riquezas con el control de territorios con sus recursos (tierras, diamantes, petróleo…); y 3) el ámbito que, marcado por la propia exclusión social, acaba incitando a la violencia directa.

Después de hacernos conscientes de esta realidad, el camino a recorrer -nos dice Manos Unidas– es la reconstrucción de la paz desde el desarrollo inclusivo. ¿Qué significa esto y a qué nos compromete? A un constante esfuerzo para reconstruir la convivencia, haciendo que impere la justicia y el pleno respeto de los derechos humanos. Es la apuesta por una paz positiva, entendida como un sí a la vida que, más allá de la ausencia de guerra, promueve la reconciliación, la convivencia y la justicia.

Los cristianos no podemos callar ni permanecer indiferentes ante esta situación conflictiva. Más bien tenemos que reaccionar con nuevas actitudes personales y compromisos sociales. El Reino de Dios que predica e inaugura Jesús es Justicia y Paz, y hacerlo presente concretando su programa expuesto en el Evangelio es responsabilidad nuestra. Reflexionemos globalmente y actuemos localmente, para que los caminos de solución comiencen entre nosotros, educando para la paz, basada en valores como la fraternidad, la justicia social, el cuidado de la creación y los derechos humanos. Que el Señor nos ayude.

Sants del dia

11/04/2026Sant Estanislau, sant Isaac, monjo, santa Gemma Galgani.

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