La oración es un grito lleno de confianza y de amor

Muchas veces hablamos de la oración y de su necesidad, oración en silencio, solos o acompañados, con la Palabra de Dios o la Liturgia de las Horas, ante el Santísimo o entre la naturaleza, en casa o por la calle, en la salud o en la enfermedad… Personas adultas y también gente joven presentan interrogantes que son un eco de muchas experiencias bíblicas de los que buscan a Dios y anhelan relacionarse con Él. Jesús decía a los discípulos que «tenemos que orar siempre sin perder jamás la esperanza» (Lc 18,1). También, en una ocasión, los discípulos le habían pedido que les enseñase a orar (Lc 11,1). Era una necesidad sentida que pedía respuesta. ¿Hasta qué punto sentimos esta necesidad?

 

La frase «no sé rezar» vivida como lamentación por unos, y por otros como pobreza interior, nos hace ver la necesidad que todos tenemos de algo que es fundamental para el cristiano. Solo un corazón pobre y humilde puede orar porque está abierto al Dios que se le da a conocer y lo ama. Santa Teresa de Jesús dice que «la oración mental no es más, según mi entender, que tratar de amistad, tratando muchas veces, a solas, con quien sabemos nos ama». Comencemos, pues, por ahí. El hermano Roger Schutz de Taizé lo expresaba diciendo que «si existe en ti el humilde deseo de amar a Dios, eso ya bastaría, porque el simple deseo de Dios ya es el inicio de la fe, el inicio de una vida de comunión con Dios. La presencia de Dios, de Cristo, el Espíritu Santo es continua, siempre nos es dada».

 

La experiencia de los santos nos puede ayudar. No solo son testimonios y ejemplo de una íntima relación con Dios, sino que nos hablan de ello como de lo que da sentido a su vida. ¿Qué quiere decir orar? Santa Teresa del Niño Jesús dice: «Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada dirigida al cielo, un grito de reconocimiento y de amor, tanto en medio de la prueba como en la alegría». San Agustín afirma que «la humildad es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración: el hombre es un mendigo de Dios». De Moisés, se nos dirá que era un hombre humilde (cf. Nm 12,3) y que hablaba abiertamente con Dios (cf. Nm 12,7-8). Esta familiaridad nos da una nueva clave para la oración, una clave que el Concilio Vaticano II ha querido poner de manifiesto cuando dice que «Dios invisible, mediante esta revelación, habla a los hombres como a sus amigos, movido por su gran amor» (DV 2).

 

Demos un paso más de la mano del Evangelio. Jesús es el modelo decisivo de oración por la relación de amor y confianza en Dios, a quien llama «su» Padre y «nuestro» Padre. Llegamos a Dios por Jesús. Él se hace nuestro interlocutor y, por lo que respecta a Dios, nuestro intermediario. Los discípulos piden a Jesús que les enseñe a orar y lo hacen precisamente cuando lo encuentran orando. Que así también pueda suceder entre nosotros predicando con el ejemplo.

Sants del dia

08/02/2023Sant Jeroni Emilià, santa Josefina Bakhita, sant Esteve abat.

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