¡Que goce la tierra!

Este es el alegre grito que encabeza el Pregón pascual que canta la Iglesia para todo el mundo en esta nueva Pascua del Señor de 2026. Una noticia que contrasta con la devastación de la guerra y que quiere encender una luz de esperanza en la victoria del bien sobre el mal, la gracia sobre el pecado, la paz sobre la guerra, el amor sobre el odio, el perdón sobre la venganza, la vida sobre la muerte. Que «la luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu».

Proclamando el elogio del cirio pascual encendido con el fuego nuevo, cuya llama representa a Cristo Resucitado, somos invitados a abrir los ojos, los ojos de la fe, de la esperanza y del amor, a la vez que contemplamos con admiración cómo «esta columna de fuego […], aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla. Porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa». ¡Somos luz para el mundo! Lo dice Jesús.

Dios nos habla constantemente y nos trata como amigos. Una relación que siempre da buen resultado. Tanto que «tal como la lluvia y la nieve caen del cielo y no vuelven a él, sino que empapan la tierra y la fecundan […], así es la Palabra que sale de mis labios: no volverá a mí vacía. Realizará mi voluntad, cumplirá la misión que yo le había confiado» (Is 55,8-11). La Palabra de Dios es viva y eficaz en el corazón de cada uno, cuando es recibida con confianza y humildad, como lo hace con la semilla la tierra buena, bien labrada y preparada.

Sorprende que haya quien está buscando entre los muertos a Aquel que está vivo, Jesucristo. Quizá alguien piensa que venimos de la vida y caminamos hacia la muerte y no al revés, cuando de hecho, por la fe, sabemos que venimos de la nada y caminamos hacia vivir la vida en su más estallante manifestación, en el Amor de Dios, ahora y para siempre. La luz de Pascua nos abre a un confiado encuentro con Jesús y a vivir con Él la actualidad del Evangelio. «¡Qué noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!»

Con el bautismo, que en esta Pascua una vez más renovamos, Dios entra de lleno en nuestra vida con todo su misterio luminoso. Agradecemos que desde entonces nos ha acompañado siempre. Fijando la mirada en el Cirio pascual, pedimos «que el lucero matinal lo encuentre ardiendo: ese lucero que no conoce ocaso, y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano».

La relación con Dios pasa siempre por una relación de proximidad con las personas. Jesús nos ha confiado así su testamento: «que os améis unos a otros, como yo os he amado, en eso todos conocerán que sois mis discípulos, en el amor que os tendréis» (Jn 13,34-35). Este es el fundamento de la paz tan deseada en estos tiempos convulsos, la razón de ser de nuestra fe y de nuestro compromiso de transformación según el Evangelio. La salutación pascual del Resucitado es y será siempre: «¡La paz esté con vosotros!» (Jn 20,19), junto con el compromiso de hacer vida esta paz entre nosotros.

Pascua es el estallido de una nueva forma de amar, de mirar, de extender la mano. Este es el fuego que pone en movimiento, es la luz que todo lo ilumina. Pascua es el paso del amor, la corriente de vida y resurrección que lo hace todo nuevo, es haber entendido a Jesús y su gesto de lavar los pies. Pascua es el programa del buen samaritano, que es el de un corazón que ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia. Desarmemos las palabras hirientes y pongamos amabilidad, diálogo y espíritu de servicio. ¡Hagamos que Pascua sea cada día!

Con mi afecto, felicitación y bendición, ¡feliz y santa Pascua!

 

+ Sebastià Taltavull Anglada

Obispo de Mallorca

Sants del dia

30/04/2026Sant Pius V papa, sant Josep B. Cottolengo, santa Sofia.

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