El deporte, un aliado para construir la paz
¡Qué contraste el de la guerra y el del deporte! Dos realidades que se dan al mismo tiempo, una sirve para destruir a personas con injusta agresión y la otra para construir fraternidad con sana deportividad. Dos mundos difíciles de reconciliar en tiempo de conflicto bélico y, si quisiéramos, fáciles de encontrarse y hacer la paz. Lo percibimos en los macroespectáculos que están reuniendo millones de seguidores y el hecho posible de un seguimiento pacífico que goza de los triunfos y sabe encajar las derrotas. «El deporte -ha dicho recientemente el papa Francisco- es un medio para expresar los propios talentos, pero también para construir la sociedad. El deporte, de hecho, nos enseña el valor de la fraternidad». Ha dicho también que «no somos islas, en el campo, no importa el origen, la lengua o la cultura de la persona».
En medio del ambiente de los campeonatos mundiales y europeos, aquí, en Mallorca, hemos tenido la experiencia de compartir los valores «humanitarios» del Palma Futsal, cuando en ocasión de ofrecer las dos copas, europea y mundial, a la Virgen de Lluc, ganadas en dos ocasiones y como signo de agradecimiento, hemos gozado del buen trato tanto del director y directivos como de los jugadores y el entrenador. Lo mismo experimentamos en la audiencia con el papa Francisco en Roma el pasado mes de febrero y el reciente encuentro con la escolanía del Santuario de Lluc, donde se pusieron de relieve los valores del deporte y la carga humana y social de que disponen para hacer del deporte un espacio de humanización y cómo -al mismo tiempo- lo hacen extensivo. Podemos verlo en la cantidad de jóvenes y niños que atrae y convoca, como en la dimensión social que da a toda su actividad deportiva.
El papa Francisco ha mostrado siempre su afecto por el deporte, y así queremos hacerlo también nosotros, favoreciendo este medio que tanto ayuda a construir la sociedad y nos enseña a vivir en fraternidad. Ya en el año 2014, con motivo del Mundial de Brasil, envió un vídeo en el que expresaba sus deseos y decía que «esta Copa del Mundo podría convertirse en la fiesta de la solidaridad de todos los pueblos», y explicó que el fútbol además de ser un juego «es al mismo tiempo una oportunidad para el diálogo, la comprensión y el enriquecimiento humano recíproco», y con esta referencia a Jesús, a Él, que pide «que lo sigamos toda la vida, seamos sus discípulos y juguemos en su mismo equipo». Dice, además, que «el deporte es importante, pero tiene que ser auténtico deporte. Promuevan esta actitud de “aficionados” que elimina definitivamente el peligro de la discriminación. Cuando los equipos van por este camino, el estadio se enriquece humanamente, desaparece la violencia y, en las tribunas, vuelven a verse familias». Y, como hace siempre, pide una oración por él en este campo de deporte donde Dios lo ha puesto, para que «pueda jugar un partido honrado y valiente para el bien de todos».
El deporte y el ejercicio físico son el gran antídoto contra muchos problemas físicos, psíquicos y espirituales, el deporte es un formidable aliado para construir la paz, siempre que transmita unidad y cohesión, voluntad de esfuerzo, vencimiento personal y trabajo en equipo. Por ello, la Iglesia quiere estar cerca del deporte sano, porque cree en el juego y en la actividad deportiva como lugar de encuentro, de formación en valores y de fraternidad.
















