La cultura de la hospitalidad y la «plena ciudadanía» de todos
Cada día aparecen noticias sobre la llegada de migrantes a nuestra isla de Mallorca, especialmente de menores que se presentan en condiciones infrahumanas y que precisan de una acogida urgente y de un esfuerzo coordinado para atenderles. Lo mismo pasa sobre todo en las Canarias, donde el volumen de los que llegan excede las posibilidades de atención y ayuda que cuenten con un mínimo de calidad humana. Nuestra solidaridad con estas Iglesias hermanas. Ciertamente es desesperante cuando se analizan las causas de este éxodo hacia nosotros, con la desesperación con que huyen de sus países de origen y la actuación de las mafias que actúan con total impunidad y se aprovechan de la debilidad de los más pobres, que deben invertir lo poco que tienen en un viaje que carga con todos los riesgos, entre los que está el de perder la vida.
Pongámonos, en primer lugar y como cristianos, en actitud de empatía para acoger el hecho en sí mismo, y preguntémonos qué está pasando en nuestro mundo cuando hay tantas personas que tienen que huir, obligadas a dejar su tierra, casa y familia por el hecho de ser víctimas de una extrema pobreza, del hambre, de la injusticia, de la arbitrariedad de regímenes totalitarios excluyentes, de los maltratos y del rechazo social. El solo hecho de arriesgarse a atravesar el desierto o el mar, ya contiene la posibilidad de no llegar donde era el primer deseo de vivir en paz y libertad. No podemos cansarnos de repetir las palabras tan contundentes de Jesús que evalúan nuestra calidad cristiana: «era forastero y me acogisteis» (Mt 25,35), identificándose con todo el drama de los migrantes. No hace demasiado, ya insistí en la necesidad de ser comunidades acogedoras con la inmigración. La insistencia debe seguir…
Incluso en estos momentos, el problema ha ido agravándose y son las propias instituciones civiles las que nos han pedido una colaboración directa solicitándonos poder ofrecer inmuebles nuestros para atender la urgencia que presenta la llegada continua de migrantes, especialmente menores. Desde el primer momento hemos puesto a disposición diversas viviendas, algunas que ya pueden utilizarse y otras que necesitan una pequeña reforma para que la atención se adapte a la demanda. Así pensamos seguir haciéndolo, en la medida en que tengamos que responder, pero hace falta que la cuestión sea estudiada a fondo por parte de la Administración y se adopten las medidas necesarias y programas eficaces para paliar y llegar a solucionar de raíz el problema de una atención más sostenible. Saben que cuentan desde el primer momento con nuestra colaboración y solidaridad.
En la Iglesia queremos trabajar juntos por la «plena ciudadanía» de todos. Por encima de todas las diferencias ideológicas que puedan separarnos está la caridad cristiana que une todos los esfuerzos en una única dirección. Es lamentable que diferentes visiones partidistas que muchas veces obedecen a intereses ajenos al bien que debe hacerse a todos, frenen y retarden soluciones que ni deberían discutirse por la urgencia que presenta el día a día. Desde la Iglesia, queremos incidir social y políticamente de acuerdo con el mencionado concepto de «plena ciudadanía» según Fratelli tutti, que favorece la integración y nos impulsa a reclamar leyes que permitan el acceso a la regulación, al trabajo digno, a la vivienda, a la sanidad, a la educación, a la cultura; en definitiva, a todo lo que promueve para los migrantes y autóctonos, la dignidad, la convivencia, la redistribución de la riqueza y el bien común (cf. FT 131). Se nos pide estar atentos y comprometidos con toda la realidad migratoria presente entre nosotros y la que va llegando. Como seguidores de Jesús no podemos olvidarla ni pasar de largo. ¡La espiritualidad del buen samaritano nos obliga!
















