«¡Ya voy, Señor!», o estar siempre dispuesto a cumplir la voluntad de Dios

Estamos ante el ejemplo indiscutible de una vida sencilla, vivida en la cotidianeidad de la portería de un colegio, en nuestro caso, el de Monti-sion de Palma. Quería ser jesuita y, a pesar de todas las dificultades e incomprensiones, por voluntad de Dios lo llegó a ser. Más aún, los que lo admiten en la Compañía de Jesús le llegan a decir «¡a ver si esta vez llegas a ser santo!». Y, también, por voluntad de Dios, lo ha conseguido, ¡es santo! Un santo que, aún para muchos, está por descubrir.

El jueves que viene, día 31, es su día, el día de su fiesta. Lo celebraremos en Palma en la parroquia de San Alonso Rodríguez, de la que es titular. Que sea un día de agradecimiento y de reconocimiento de su paso entre nosotros y de habernos dado una lección de humildad y de disponibilidad para servir y cumplir siempre la voluntad de Dios. Estamos ante una vida dura, difícil, pero que toda ella transpira una presencia imperada por el deseo de hacer la voluntad del Señor, expresión tan ignaciana que llenará de sentido su vida. Os invito a celebrar este día con el estilo que él nos ha dejado.

Nuestro amado san Alonso Rodríguez llegó a vivir en su persona la experiencia de la fuerza, de la luz y del consuelo de la amistad con Jesucristo. Fue después de largos años de búsqueda, de lucha, de dificultades familiares, laborales y de inquietudes religiosas que no encontraban respuesta, pasando incluso por la vivencia de una pobreza que le hizo mendigar. San Alonso cree en esta fuerza, en esta capacidad que le viene del Señor. Seguro que hoy nos invita a seguir su ejemplo.

Un primer principio de la «santidad» de san Alonso lo descubrimos cuando dice: «Os prometo que nunca más en mi vida haré mi voluntad. Haced de mí lo que queráis». Calcado de Jesús cuando ora al Padre pidiéndole que «no se haga mi voluntad sino la vuestra» y ello pasando por un momento de crisis, de duda, de angustia.

Un segundo principio de la «santidad» de san Alonso lo vivirá a fondo cuando el año 1571 es aceptado como hermano lego y viene a la comunidad de Palma, en Mallorca, destinado a la portería del colegio de Monti-sion, cargo que ejerció durante 47 años. ¿Qué vivió realmente en este período? Debemos tenerlo claro: una humildad que transformó en acogimiento, en bondad, en buen trato. En cada uno que entraba por la puerta veía a Jesucristo, y en él la gente veía a un ángel, siempre atento, caritativo, obediente, prudente, pobre, una bienaventuranza viviente.

Un tercer principio de la «santidad» de san Alonso lo había encarnado en su vida desde el comienzo. Es la oración. En ella encuentra la valentía y la disponibilidad en el servicio, tal como él mismo lo decía: «¡Ya voy, Señor!». Esta valentía fue su testimonio, que, como ya he dicho, proviene de su amistad con Jesús y de su humildad, que le lleva a descubrir y hacer siempre su voluntad. Nuestro santo puede ayudarnos mucho a acoger la nueva propuesta que nos llega del Sínodo que concluye esta semana, y a estar abiertos a hacer realidad la renovación que el Espíritu pide a nuestra Iglesia y a decir como el mismo san Alonso «¡Ya voy, Señor!».

Sants del dia

18/06/2026Sants Marc i Marcel·lià, sant Leonci, sant Gregori Barbarigo.

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