¿Y si lo que buscas está en tu interior?

Cada año, el Día de la Iglesia Diocesana somos invitados a tomar conciencia de nuestra pertenencia responsable al grupo de Jesús que formamos los que creemos en Él y nos hemos propuesto vivir como hermanos y con espíritu de familia. Al mismo tiempo, es una Jornada que debe ayudarnos a profundizar en la propia responsabilidad -seamos laicos, consagrados o clero- que estamos llamados a ejercer en la comunidad cristiana, cada uno desde su propia vocación, carisma y misión.

La atención que prestamos al Sínodo sobre la sinodalidad y la aportación del trabajo que hemos realizado en la Diócesis los grupos sinodales en las fases diocesana y continental, junto con más de un año de preparación por parte de todos los organismos de un Plan de Pastoral que acabamos de estrenar, nos están ayudando a crecer en conciencia de Iglesia y comprometiéndonos en hacer realidad tantas propuestas que hemos puesto sobre la mesa. Creemos que es la hora de actuar y vivir el gozo de sentirnos Iglesia en salida. Es la hora sobre todo del laicado, en el sentido de que, cada día más, se le reconozca la dignidad bautismal y sea protagonista al compartir comunión, participación y misión, tal como lo pide el Sínodo.

En toda búsqueda hay algo fundamental y urgente que es la vivencia de la propia vocación, aquella vocación-llamada a la que toda persona bautizada y confirmada debe responder, manifestando la coherencia de esta respuesta con fidelidad y generosidad, además de preguntarnos cómo lo vive cada uno desde su interior, desde donde nace y se propaga la verdad de nuestra vida. Todo eso tiene sentido si se encarna en una persona enamorada de Jesús, que vive entusiasmada por su seguimiento y trata de hacer realidad su Evangelio con la entrega de la propia vida al servicio de una causa abierta a los demás.

El fuego interior que enciende la vocación de los profetas, el ardor evangelizador de los apóstoles, la misión vivida por tantos cristianos, como los que cada día responden con su amor fiel, es lo que hemos de contagiar para que Jesús sea conocido y la Iglesia se convierta en la fraternidad a construir en el corazón de nuestra sociedad, tan necesitada de buen gusto de Evangelio y de ternura.

Por ello, debemos peregrinar hacia nuestro interior e iniciar una búsqueda profunda de lo que da sentido a la vida. Esta búsqueda, no podemos hacerla solos. Nuestras comunidades parroquiales, nuestra Iglesia Diocesana, necesitan personas con categoría humana y con aquella espiritualidad que la fundamenta. Cuidar el propio interior y sus manifestaciones exteriores es trabajo de toda la vida y, en las comunidades cristianas, una prioridad por la que debe velarse siempre.

Sants del dia

18/06/2026Sants Marc i Marcel·lià, sant Leonci, sant Gregori Barbarigo.

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