¡Que los nuevos aires de esperanza del Sínodo nos contagien también a nosotros!
Con la fiesta de Cristo Rey, este fin de semana cerramos el Año Litúrgico y nos preparamos para comenzar, el domingo que viene, el tiempo de Adviento, camino que recorreremos juntos hacia la Navidad. Necesitamos respirar al ritmo de toda la Iglesia cuando acabamos de celebrar un Sínodo que nos implica a todos, además de haber participado en él -en Mallorca más de 3.000 personas- en ocasión de las consultas realizadas en nuestra diócesis. Queremos hacerlo con el gozo de respirar los nuevos aires de esperanza que, mediante la acción del Espíritu, tienen que llegarnos y contagiarnos también a nosotros, nuestra Iglesia de Mallorca que peregrina en el tiempo de una nueva época. Como dice el papa Francisco en el discurso de la sesión final, «el Señor resucitado nos llama a ser testigos de su Evangelio, antes con la vida que con las palabras».
Tenemos que decirlo, especialmente hoy, en el Día de la Catequesis, para que nos ayude a tomar conciencia de la importancia y necesidad de este servicio evangelizador en nuestra tierra, a las personas de toda edad, especialmente a las familias, un servicio que nos compromete a todos porque nos ofrece la posibilidad de conocer a Jesús a fondo, su Palabra y su Vida, y que nos muestra el Camino para seguirlo como a la Verdad que ilumina nuestros pasos y decisiones de cada día. El lema para este Día de la Catequesis es «Estad siempre a punto para dar razón de vuestra esperanza» (1Pe 3,15). Un día para valorar y agradecer la dedicación de los catequistas que trabajan para iniciar y acompañar a tantos niños, jóvenes y adultos a la vida cristiana, regalando su tiempo y esfuerzo y, sobre todo, manifestando la alegría y el entusiasmo de su fe, ofreciendo motivos de esperanza y encendiendo el ardor de la caridad, siguiendo siempre el mandamiento nuevo del amor de Jesús.
El documento final del Sínodo nos puede ayudar -como todo lo que se ha hecho durante estos últimos años- a señalar los pasos que nosotros tenemos que dar aquí mediante el Plan de pastoral que también entre todos hemos estado preparando y que -si Dios quiere- presentaremos a principios de 2025, en una Asamblea diocesana. Dejémonos iluminar y atraer por la invitación a caminar juntos hacia una Iglesia sinodal, de comunión, de participación y de misión. Nos dice este documento que «viviendo la conversación en el Espíritu, escuchándonos unos a otros, hemos percibido su presencia en medio de nosotros: la presencia de Aquel que, donando el Espíritu Santo, sigue suscitando en su Pueblo una unidad que es armonía de las diferencias». ¡Esto es esencial!
Estamos en el momento de rehacer actitudes y con humildad proponernos caminar juntos y aprender a dialogar, dejando que el Espíritu del Señor nos guíe para construir ambientes favorables a crear vida de comunidad, que sea expresión de lo que realmente ha de ser la Iglesia. El papa Francisco, citando unas palabras de Madeleine Delbrêl, «hay lugares donde sopla el Espíritu, pero hay un Espíritu que sopla en todos los lugares», lo ve todo como un don del Espíritu Santo, que «es el que crea la armonía, Él es la armonía». Pidamos este don para los que formamos la Iglesia de Mallorca, tan necesitados como estamos de él en estos momentos de renovación. Pidamos al Espíritu que nos ayude a deshacer los muros de los aislamientos y de la autoreferencialidad, y, sobre todo, a crear puentes de comunión, de diálogo fraterno, de participación responsable y de vivir el gozo de caminar juntos compartiendo una misma misión. Llevémoslo todo a la oración y, a la vez, contagiemos ánimo, ilusión y esperanza, abiertos a realizar juntos este recorrido de trabajo pastoral al que el Señor nos invita y la Iglesia nos acompaña.
















