«¡Un regalo que no podemos guardar solo para nosotros!»

Desde la vida pastoral y la fuerza espiritual que tiene la liturgia cristiana, me pregunto a menudo cómo esta energía que viene del Espíritu del Señor es fuente de esperanza. El tiempo pasa, empieza el tiempo de Adviento, un nuevo año en el calendario litúrgico, una intensa actividad pastoral y un nuevo ardor apostólico en el corazón de las comunidades después de un Sínodo que, desde su inicio, ha intentado, esta vez con la aportación de todos, aceptar el aire fresco que nos viene del Evangelio y comunicarlo.

Este es el mensaje de esperanza que nos ha contagiado. El papa Francisco acaba de decirnos que «lo que hemos vivido es un regalo que no podemos guardar sólo para nosotros. El impulso que proviene de esta experiencia […] nos da la valentía de testimoniar que es posible caminar juntos en la diversidad, sin condenarnos el uno al otro». Y añade que «juntos, con la esperanza que no defrauda, unidos en el amor de Dios derramado en nuestros corazones, podemos no sólo soñar con la paz sino comprometernos con todas nuestras fuerzas para que […] la paz se realice por medio de procesos de escucha, diálogo y reconciliación. La Iglesia sinodal para la misión, ahora necesita que las palabras compartidas vayan acompañadas por hechos. Este es el camino. Todo esto es don del Espíritu Santo: Él es quien crea la armonía, Él es la armonía» (de la salutación al final del Sínodo, 26-octubre-2024).  

Por el hecho de que el Adviento es un tiempo para la esperanza, el alimento tendrá que ser el contacto frecuente con la Palabra de Dios, dedicarnos más a la oración y estar atentos a todos los signos y acontecimientos de la vida a través de los que Dios nos habla cada día. El Adviento, pues, es también tiempo de vigilancia. Cuando en el evangelio se nos habla de «signos en el sol y la luna y las estrellas», de «angustia de las gentes», de hombres que quedarán sin aliento por el «miedo» -categorías que son reflejo de tanta problemática que padecemos-, nos ayuda a percibir la respuesta que viene de Dios y que es una invitación a no caer en el temor ni en la desesperación, sino todo lo contrario, a confiar en que la victoria de Dios sobre el mal es segura. Es el anuncio de la liberación.

«La Palabra de Dios es viva y eficaz» -dice la carta a los hebreos. Es bueno que lo creamos firmemente y lo apliquemos como respuesta a todas las situaciones personales y colectivas que necesitan abrir el corazón a la esperanza. Y hacerlo siempre como fruto del encuentro personal con Jesús. Él será la respuesta esperanzada a nuestros interrogantes sobre cómo reparar tantas situaciones humanas ancladas en una crisis perenne y con pocas perspectivas de solución, ya que, para muchos, la vida se enmarca en un contexto personal, familiar y social de pobreza y con pocas salidas, con inseguridad ciudadana y violencia.

 En este tiempo de Adviento y Navidad, acercarnos a la familia de Nazaret, a Jesús, María y José, nos revela la sintonía de Dios con los más pobres, cuando el Hijo en su nacimiento también vive la exclusión social y la migración. Por ello, debemos creer que el amor solidario de Dios con la humanidad y con toda la creación, manifestado en la encarnación de Jesús, nos compromete a nosotros con la misma solidaridad y es un signe claro que nos invita a adherirnos a esta propuesta de esperanza. Por eso nos exhorta a «levantarnos, alzar la cabeza» y a ser creativos intuyendo que «se acerca nuestra liberación», confiando en que somos colocados en la pista segura para encontrarnos con el Señor «que nos sale al encuentro».

Sants del dia

18/06/2026Sants Marc i Marcel·lià, sant Leonci, sant Gregori Barbarigo.

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