Dilexi te, ¡te he amado! El papa León nos exhorta a amar a los pobres

El día 4 de octubre, fiesta de san Francisco de Asís, el papa León XIV nos ha hecho el regalo de la primera Exhortación Apostólica de su pontificado. En continuidad con el papa Francisco, como él mismo ha dicho y partiendo de su mano en un escrito ya iniciado por él, se ha referido al amor a los pobres, como primera necesidad a atender por parte de los cristianos y de toda persona de buena voluntad, lo que más nos define como seguidores de Jesús. Como si Jesucristo se dirigiera a cada pobre y le dijese «no tienes poder ni fuerza, pero “yo te he amado”» (Ap 3,9). El papa León considera necesario insistir sobre este camino de santificación, porque en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y las opciones más profundas, con las que todo santo intenta configurarse.

La luz que nos llega en este escrito del papa León ilumina el momento que vivimos, ya que la situación que viven los miles de millones de pobres que hay en el mundo avergüenza a toda la humanidad, sobre todo a aquellos a quienes el orgullo de la riqueza produce el aumento de esta y que, a su vez, la pobreza se extienda a más capas sociales. El problema se agrava cuando a la pobreza se añade el drama de la injusticia y la violencia, el hambre y la marginación, más todo lo que provocan la migración y la falta de vivienda.

«La condición de los pobres -dice el papa León en Dilexi te- representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia» (n.9). La Palabra de Dios nos da respuesta. Muchos ya la aceptan y actúan. Si nos fijamos en la realidad inmediata, se reacciona ante la pobreza próxima con innumerables gestos de solidaridad. Es impresionante y emocionante contemplar cómo la pobreza es afrontada con una inmensa capacidad de entrega y de generosidad. En medio de todo ello, vemos que la oración nos sostiene y nos anima porque nos pone en relación con Dios y nos estimula a no desfallecer en la práctica de la virtud de la solidaridad.

El Evangelio se hace eco de la pobreza y de su contraposición con la riqueza, presentando comportamientos divergentes. La actitud ante Dios manifestada a través de la plegaria revela el comportamiento en la vida, tanto en relación con uno mismo como con los demás. En la parábola (cf. Lucas 18,9-14) que describe cómo reza el rico (orgulloso) y cómo reza el pobre (marginado), Jesús contrapone dos formas de rezar, de ser, de vivir y habla del «interior» de cada persona, un fariseo y un publicano, un creyente cumplidor y un pecador público. Una clase de riqueza-orgullo personal que se contrapone a la pobreza-humildad de los que padecen la exclusión social. Jesús nos hace ver quién queda justificado a los ojos de Dios. La razón de fondo es la humildad, el reconocimiento humilde del propio pecado y la petición de perdón. La frase final de Jesús es categórica: «todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido». Nadie tiene el derecho de señalar con el dedo a nadie, ni de vanagloriarse de sus acciones dejando al otro de lado, perdido en los márgenes de una sociedad que divide y desprecia. Jesús nos ayuda a superar todas las barreras entre ricos y pobres, entre los que se declaran justos y los pecadores, entre creyentes y no creyentes. El anuncio es para todos sin distinción y nos abre a una vida interior vivificada por la presencia del Espíritu Santo que inspira y envía a crear espacios de oración, de confianza y de solidaridad.

Sants del dia

17/06/2026Sant Diògenes, sants Nicandre i Marcià, sant Rainer.

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