Es catequista quien hace resonar la Palabra de Dios en la propia vida y en la de los demás
En la celebración del Día de la Catequesis en nuestras Illes Balears, solemnidad de Jesucristo Rey, con el lema «Yo hago que todo sea nuevo» (Ap 21,5), quiero expresar mi reconocimiento y agradecimiento a todos los catequistas y las catequistas de cada una de nuestras parroquias y centros de Catequesis, y a los responsables del Área del Anuncio y el Catecumenado de la diócesis, por la fecunda misión de hacer llegar la Palabra de Dios a tantas personas de todas las edades, familias, adultos, jóvenes y niños, que de forma constante se encuentran para profundizar el mensaje cristiano y hacerlo vida, secundando la llamada de Jesús a seguirle, y hacerlo con el gozo de pertenecer a la comunidad cristiana, que es la Iglesia, familia de familias.
La palabra «catequesis» significa instruir de viva voz, hacer resonar. San Agustín dice: «Explica cuanto expliques de modo que la persona a la que te diriges, al escucharte crea, creyendo espere y esperando ame». El papa León XIV ha dicho recientemente, dirigiéndose a los catequistas: «Ustedes catequistas son esos discípulos de Jesús que se convierten en sus testigos […]. El catequista es una persona de palabra, una palabra que pronuncia con su propia vida. Por eso los primeros catequistas son nuestros padres, aquellos que hablaron con nosotros primero y nos enseñaron a hablar. Así como aprendimos nuestra lengua materna, del mismo modo el anuncio de la fe no puede delegarse a otros, sino que se realiza allí donde vivimos, principalmente en nuestras casas, alrededor de la mesa. Cuando hay una voz, un gesto, un rostro que lleva a Cristo, la familia experimenta la belleza del Evangelio». De ahí la importancia y la necesidad de la catequesis en familia.
Lo experimenté hace unos días en una de nuestras parroquias compartiendo con dos grupos de padres y madres la sesión de catequesis familiar, una vivencia vivida a lo largo de los años y en ambientes muy diferentes, donde los padres y madres profundizan el mensaje cristiano en la realidad de sus propias vidas y lo transportan, con la palabra y el ejemplo de su vida, a los más pequeños en cada casa. Toma así fuerza y cuerpo la afirmación del Concilio Vaticano II de que «la familia es la primera iglesia doméstica». Ello implica poner en valor la familia para que pueda ser transmisora de la fe.
En nuestra diócesis de Mallorca, como en tantas otras iglesias particulares, hemos querido privilegiar la catequesis en familia porque es el canal normal y más claro para la comunicación creyente. Cuando eso no se da, difícilmente los hijos la recibirán y padecerán la ausencia de Dios, una orfandad que los priva de la riqueza espiritual que deberá dar sentido a su vivir. Jesús lo dice muy claro: «¡dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis!» (Mc 10,14). Hagámoslo extensivo, no obstante, a todo el que necesita que el Evangelio resuene en su vida y viva la alegría de la fe, la que da un nuevo horizonte a la vida y una proyección definitiva. Hoy nos alegramos con todos los que hacen este camino, es toda la Iglesia la que vive el gozo de acompañarlos.
Después de años de trabajarlo entre todos, hemos repartido a todas las parroquias las orientaciones y normativa para la celebración de los Sacramentos, para que nos ayuden en el camino del anuncio y la celebración de la fe, exponiendo la implicación que tiene en ello la catequesis. Acogedlas con estima, presbíteros, vida consagrada y laicado, son una herramienta que nos puede ayudar a caminar juntos, sinodalmente, y a vivir el gozo de la comunión eclesial, signo de credibilidad y fuerza para la unidad. Hagamos que sea obra de todos.
















