Jesús propone un cambio de perspectiva: «Habéis oído que se dijo…, ¡pero yo os digo!»
La contundencia de esta frase de Jesús, nos hace ver la originalidad, la novedad que quiere comunicar y el cambio de perspectiva que introduce. Si estamos atentos al Evangelio y a todo lo que Jesús dice y hace, encontramos respuesta a la forma de ser coherentes con nuestra fe y con el seguimiento de Jesús. En cualquier caso, necesitamos saber qué hay de original en su mensaje y qué nueva forma de actuar nos propone, poniendo la fe en Dios en el centro y, como resultado, el bien de la persona basado en la justicia y la misericordia. Esta, dirá, es la voluntad de Dios. Oremos con el salmo 118: «Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón».
Estamos ante un importante cambio de perspectiva que provoca reacciones en aquellos que escuchan a Jesús, unos a favor y otros en contra, –como también las provoca hoy. Lo que Jesús pretende es el verdadero cumplimiento de la Ley, evitando todo lo que iría contra la persona o pondría a Dios al margen de todo comportamiento humano. Jesús, con sensatez, sitúa cada cosa en su lugar y le da el valor que le corresponde. No piensa ni reacciona forzado por ninguna presión ideológica, sino como un hombre realmente libre. Jesús se define cuando ve que solo interesa el cumplimiento externo de la Ley, totalmente hipócrita, como Él mismo denuncia. De los entendidos en la Ley, escribas y fariseos, había denunciado su hipocresía diciendo de ellos: «Haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen” (Mt 23,3). Por eso, invita siempre a un comportamiento recto y sincero. Lo que Jesús rechaza son les deformaciones que padece la Ley cuando se la somete a interpretaciones arbitrarias o se persiguen intereses que la invalidan porque se alejan de lo que Dios quiere y van contra la persona. Por eso, dirá la expresión que recoge el Evangelio: «Habéis oído que se dijo… pero yo os digo…» (Mt 5,21.27.31.33.38.43). He aquí el cambio de perspectiva que pone al hombree por encima de la Ley y propone un nuevo avance en el conocimiento de la voluntad de Dios.
Para conocer lo que Dios quiere, tenemos la convicción de que «Dios nos lo ha revelado por el Espíritu, y el Espíritu todo lo penetra, hasta la profundidad de Dios» (1Co 2,10). Con esta convicción, pues, nos acercamos a la novedad que Jesús hoy nos propone con el cambio de perspectiva de sus palabras que, desde la más profunda libertad, nos invitan a un mayor conocimiento de Dios y a un amor más profundo por los demás. Por eso, Jesús, ante el mandamiento del «no matarás» (Mt 5,21-26), dirá que ni la pelea, ni el insulto, llegando incluso al amor a los enemigos. A la hora de celebrar la fe, hay que hacerlo con buena intención y sinceridad de corazón, ya que no tendría sentido hacerlo, mostrando que se está bien con Dios, y después ir en contra del hermano. Es lo mismo sobre el mandamiento del «no cometerás adulterio» (Mt 5,27-30), donde solo la intención ya nos coloca en la situación de deterioro personal y la relación humana padece el trauma de la infidelidad. Igualmente, en el «no jurarás en falso» (Mt 5,33-36), Jesús propone la nueva perspectiva de la confianza que tiene que hacer posible el buen entendimiento entre las personas, sin que haga falta ninguna clase de juramento. Por eso dirá: «A vosotros os basta decir sí o no» (Mt 5,37). Por eso, es tan importante la elección que hacemos. Lo que pasa en el interior de cada persona, Dios lo contempla y lo fortalece para que sea según su voluntad. Dejemos que la fuerza de su Espíritu acompañe siempre nuestra fidelidad.
















