Jubileo 2025 «La esperanza no defrauda» (Rm 5,5)

Dia 9 de mayo, solemnidad de la Ascensión del Señor, el papa Francisco hizo pública la bula de convocación del Jubileo ordinario del año 2025. Lo hizo bajo el signo de la esperanza que el apóstol Pablo infundía a la comunidad de Roma. La esperanza también constituye el mensaje central de este Jubileo que celebraremos a lo largo del próximo año 2025. De ahí el lema central «La esperanza no defrauda» (Rm 5,5), que también tendremos que trabajar y hacer vida con Jesús, a quien la Iglesia tiene la misión de anunciar siempre, en cualquier lugar y a todo el mundo como «nuestra esperanza» (1Tm 1,1).

Citando algunos párrafos del documento pontificio, constatamos que en el corazón de toda persona está presente la esperanza como deseo y expectativa de bien, ignorando incluso qué nos deparará el mañana. Sin embargo, la imprevisibilidad del futuro hace surgir sentimientos bastantes veces contrapuestos: de la confianza al temor, de la serenidad al desánimo, de la certeza a la duda. Con frecuencia, nos encontramos con personas desanimadas, que miran el futuro con escepticismo y pesimismo, como si nada pudiera ofrecerles felicidad. Que el Jubileo sea para todos ocasión de reavivar la esperanza.

Un largo apartado pone los fundamentos que nos da la Palabra de Dios cuando nos dice que «incluso nos gloriamos en las tribulaciones, porque sabemos que la tribulación engendra paciencia; la paciencia virtud probada; la virtud probada, esperanza. Y la esperanza no defrauda, porque Dios, dándonos el Espíritu Santo, ha derramado su amor en nuestros corazones» (Rm 5,3-5). «En efecto -dice-, el Espíritu Santo, con su presencia perenne en el camino de la Iglesia, es quien irradia en los creyentes la luz de la esperanza. Él la mantiene encendida como una llama que nunca se apaga, para dar apoyo y vigor a nuestra vida. La esperanza cristiana, de hecho, no engaña ni defrauda, porque está fundada en la certeza de que nada ni nadie podrá separarnos nunca del amor divino […]. He aquí por qué esta esperanza no cede ante las dificultades: porque se fundamenta en la fe y se nutre de la caridad, y de este modo hace posible que sigamos adelante en la vida. San Agustín escribe al respecto: “Nadie, en efecto, vive en cualquier género de vida sin estas tres disposiciones del alma: las de creer, esperar, amar”».

Siguiendo con el fundamento de la Palabra de Dios, vemos que san Pablo es muy realista. Sabe que la vida está hecha de alegrías y de dolores, que el amor es puesto a prueba cuando aumentan las dificultades y la esperanza parece hundirse frente al sufrimiento. Para el Apóstol, la tribulación y el sufrimiento son las condiciones propias de los que anuncian el Evangelio en contextos de incomprensión y de persecución. Es en medio de estas situaciones de oscuridad, no obstante, que se percibe una luz: se descubre que lo que sostiene la evangelización es la fuerza que brota de la cruz y de la resurrección de Cristo. Y eso lleva a desarrollar una virtud estrechamente relacionada con la esperanza, que es la paciencia. Seguiremos reflexionando sobre ello en la próxima edición del Full, la semana que viene.

Sants del dia

18/06/2026Sants Marc i Marcel·lià, sant Leonci, sant Gregori Barbarigo.

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