Mensaje-felicitación del obispo Sebastià Taltavull Anglada, para la Navidad 2025
¡Os deseo de todo corazón una buena y santa Navidad!
Con frecuencia hacemos memoria de acontecimientos que miran al pasado, sobre todo aniversarios, por los que queremos agradecer a Dios su ayuda y reconocer el bien que muchas personas han hecho dedicando su amor y solidaridad y su tiempo. Cuando celebramos con tanta fiesta el nacimiento de Jesús, que ha cambiado por completo el curso y la orientación de la historia, convirtiéndola en historia de «salvación», también hacemos lo mismo, ya que su intervención en cada uno de los creyentes y en la humanidad entera ha sido decisiva. Una fiesta, la de Navidad, de alegría y acción de gracias. ¡Un acontecimiento histórico que siempre es actual porque Jesús está vivo y nos regala vida en abundancia!
Es en medio de este ambiente festivo que la fiesta de este nacimiento imprime carácter a un presente marcado por muchos signos, positivos unos, y contradictorios otros. Durante las semanas del tiempo de Adviento hemos recibido muchos indicadores de parte de Dios y de su Palabra que nos han aportado buena luz para nuestro caminar de cada día y nos han ofrecido una hoja de ruta para el presente y con previsión de futuro. Se nos ha pedido estar vigilantes, muy atentos, como lo estuvo María, la Madre de Jesús, para discernir qué quería Dios de ella. Su generosa respuesta de total disponibilidad ha hecho posible el misterio de Navidad y a nosotros nos pide también corresponder a él.
«El pueblo que vivía en tinieblas ha visto una gran luz», nos dice Isaías en la celebración de la noche de Navidad. Esta luz ya nos ha llegado, ha sido un gran regalo que debemos agradecer, pero será necesario que disipe los deslumbramientos que a menudo nos mantienen ciegos y hacen que nuestra ceguera no pueda captar la verdad de Jesús y la luminosidad de su Palabra. Como hoja de ruta, Isaías nos propone abrir caminos de humildad, de confianza y gestos eficaces que transformen nuestro corazón y lo abran a una acción social transformadora que no deje las cosas como están, sino que abra caminos de esperanza. Vaya aquí nuestra creatividad que haga nacer nuevos estilos de vida más humanos y más solidarios hacia tantas personas que lo necesitan. Este es el deseo que nace del corazón de Jesús que tanto nos ama y quiere que este cambio de rumbo para bien sea ya ahora y siempre una realidad entre nosotros. Como dice la carta a Tito, que leemos en la liturgia del día de Navidad, «se ha preparado un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras». Eso es lo que espera de nosotros.
Nos ha llegado la luz y este bien ha de convertirse en hechos constatables y creíbles. Tienen que ser la evidencia que muestra Jesús a los discípulos de Juan cuando le preguntan si es él el que ha de venir o deben esperar a otro, una duda que muchos también hoy manifiestan cuando nos contemplan a nosotros, los seguidores de Jesús y esperan nuestro testimonio. La respuesta de Jesús propone la hoja de ruta a seguir en clave de presente y de futuro en relación a aquellas personas y situaciones que, como Jesús, han de ser atendidas porque no encuentran ninguna casa que les abra las puertas, o sufren la discriminación por falta de trabajo o de sueldos que no permiten llegar a final de mes, o utilizan el recurso del desprecio y el descarte que crea desigualdades.
La luz está, es Jesús que nace de nuevo en nuestro corazón, en cada familia y comunidad, en cada uno de los ámbitos sociales e instituciones ciudadanas en las que nos movemos, para darnos un nuevo rostro, el del Reino de Dios que ya ha inaugurado con su venida, el de la verdad y la vida, el de la santidad y la gracia, el de la justicia, el amor y la paz. Sea el mejor deseo verlo realizado, como también la plegaria compartida en esta Navidad del Señor y siempre.
Con un abrazo fraternal y mi bendición,
+ Sebastià Taltavull Anglada
Obispo de Mallorca
















