¡Reconocidos, celebrados, recompensados y respetados!

Son proclamas pronunciadas hace pocos días ante todo el mundo por Andrew Parsons, presidente del Comité Paralímpico Internacional, en la ceremonia de apertura de los Juegos Paralímpicos París 2024. Reconocimiento y respeto a la igualdad de oportunidades para cualquier persona con la variedad de capacidades para poder vivir la propia dignidad. En una época de crecientes conflictos mundiales, de aumento del odio y de creciente exclusión, dejemos -decía- que sea el deporte el elemento social que nos une. «Celebramos lo que nos hace diferentes, demostramos que en la diferencia hay fuerza, hay belleza, y que la diferencia sirve como una poderosa fuerza para el bien».

Qué interesante escuchar estas palabras con resonancia mundial, dichas desde una realidad aparentemente llena de limitaciones físicas, pero dando una lección de humanidad y de superación marcada por el esfuerzo de la superación constante y mostrando a la sociedad este valor como solución para muchos conflictos y depresiones. Cuando el deporte es el medio, mucho más aún podemos afirmar que este es un camino válido para superar muchas otras limitaciones de tipo espiritual y ético que nos impiden crear un clima sano de convivencia y favorable a la paz.

El deporte -dice el papa Francisco- es un formidable aliado para construirla y hace que sea una casa para todos, abierta y acogedora, un deporte cohesionado, accesible y adaptado a cada persona. Añadirá que es un reto que nadie es capaz de llevar a cabo solo, sino que debe actuarse siempre en equipo, valor imprescindible para cualquier actividad humana. Por ello, el deporte es siempre generador de comunidad, una vía de redención personal y social. Un aspecto importante en el que insiste -y se dirige a los jóvenes- es que como deportistas pueden ayudar a combatir la cultura del descarte, con un sentido de responsabilidad educativa y social que ayude a recuperar la dignidad de cada persona para que pueda, así, desarrollar sus habilidades y talentos, incluidas la fragilidad y la discapacidad. En la raíz de esta búsqueda y formando parte del cuidado de la creación, está la tensión hacia esta belleza y plenitud de vida que Dios sueña para cada una de sus criaturas.

Hay un enorme contraste entre lo que los medios informativos muestran sobre este maravilloso acontecimiento de la humanidad que han sido los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, que son la participación internacional en la construcción de los vínculos personales y sociales mediante el deporte, y el escenario de la guerra. El esfuerzo por un lenguaje universal que transciende todas las fronteras en favor de la paz, la unidad, el diálogo y la acogida mutua, en muchos lugares se ve debilitado por el terror de las bombas, el asesinato y la destrucción. El papa Francisco manifestaba este deseo al comienzo de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos: «Espero, por lo tanto, que las Olimpiadas de París sean para todos los que acudan de todos los países del mundo, una ocasión imperdible para descubrirse y apreciarse, para derribar prejuicios, para fomentar la estima donde hay desprecio y desconfianza, y la amistad donde hay odio. Los Juegos Olímpicos son, por su propia naturaleza, portadores de paz, no de la guerra».

Un deseo, como el de toda persona de buena voluntad, que deberíamos hacer realidad a partir de este momento en nuestro caminar de cada día, asumiendo todos los valores que el deporte puede aportar a nuestra convivencia en paz, sobre todo en el corazón de las familias, de los centros educativos, de nuestras comunidades y grupos. La Iglesia siempre lo ha acogido, favoreciendo y promocionando los valores del deporte como complemento necesario para la formación humana y cristiana, todavía más si se trata de estar al lado de los más desfavorecidos, como lo hace Jesús. En este sentido, abrimos el corazón a todos.

Sants del dia

18/06/2026Sants Marc i Marcel·lià, sant Leonci, sant Gregori Barbarigo.

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