Tú y yo, también nosotros, misioneros de esperanza
Este es el lema del DOMUND de este año, la Jornada Mundial de las Misiones 2025. El mensaje central es la esperanza, en conexión directa con el Jubileo que estamos celebrando y que ahora se concreta en lo que es la misión fundamental del cristiano, de todo el conjunto de la Iglesia. Tú y yo, unidos a un nosotros que compartimos el seguimiento de Jesús, también somos misioneros de esperanza entre nuestra gente con la que convivimos. Este es un día especial, una jornada de sensibilización de cara a la necesidad que hay de extender el Evangelio y dar a conocer a Jesús. Los misioneros y misioneras que han salido de nuestra tierra se han convertido en signo de una misión llevada al extremo. Desde nuestra y su Mallorca agradecemos su valiente decisión, el testimonio de vida cristiana, hecha ofrenda para bien de muchas personas necesitadas de todo, todo su trabajo diario sin descanso, muchas veces en condiciones precarias, para ayudar a recuperar la dignidad humana.
El papa Francisco demostró siempre ser un entusiasta de la misión. Quería sobre todo que fuésemos «discípulos misioneros» y sin separar estos dos conceptos vivir una pastoral decididamente misionera. Por ello, decía que «cada cristiano y cada comunidad discernirá cuál es el camino que el Señor le pide, pero todos somos invitados a aceptar este llamado: salir de la propia comodidad y atreverse a llegar a todas las periferias que necesitan la luz del Evangelio» (EG 20). Desde esta visión, propone una Iglesia en salida, que es la comunidad de discípulos misioneros. Es la Iglesia que sueña dónde su opción misionera es capaz de transformarlo todo.
En el mensaje que el papa Francisco escribió para la Jornada de hoy pocos meses antes de morir nos recuerda a cada cristiano y a la Iglesia, comunidad de bautizados, la vocación fundamental de ser mensajeros y constructores de esperanza, siguiendo las huellas de Cristo. Fijando la mirada en Él, nos dice que el Señor Jesús continúa su ministerio de esperanza para la humanidad por medio de sus discípulos, enviados a todos los pueblos y acompañados místicamente por Él; también hoy sigue inclinándose hacia cada persona pobre, afligida, desesperada y oprimida por el mal, para derramar sobre sus heridas el aceite del consuelo y el vino de la esperanza. Obediente a su Señor y Maestro, y con su mismo espíritu de servicio, la Iglesia, la comunidad de los discípulos misioneros de Cristo, continúa esta misión ofreciendo la vida por todos en medio de la gente. Y eso, avanzando entre persecuciones, tribulaciones y dificultades, junto con las propias fragilidades, imperfecciones y caídas.
Concluye el mensaje pidiéndonos que renovemos la misión de la esperanza comenzando por la oración, sobre todo la que se hace con la Palabra de Dios. Orando, mantenemos la llama de la esperanza que Dios ha encendido en nosotros para que se convierta en una gran hoguera que ilumine y caliente a los que están a nuestro alrededor.
También el papa León XIV nos dice que «tenemos que buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes, siempre abierta a acoger a todos los que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, el diálogo y el amor». Seamos verdaderos discípulos misioneros allí donde el Señor nos llame y respondamos con generosidad.
















