Los sembrados necesitan más segadores

No podemos silenciar la preocupación que genera la falta de vocaciones al ministerio sacerdotal. Por ello y valorando al máximo la realidad presente de los que integran el grupo de los que se preparan, proyectemos sobre él una mirada de afecto y gestos de participación corresponsable. Os lo pido de todo corazón. Es lo que hemos de conseguir de parte de cada cristiano, de cada familia, de cada comunidad parroquial y de cada movimiento evangelizador, como también de las personas concretas, presbíteros y diáconos, consagrados y consagradas, laicos y laicas de nuestra Iglesia de Mallorca. A todos nos interesa que haya vocaciones, es decir, respuestas valientes a la llamada que Dios hace a cada uno. No tan solo nos interesa, sino que hemos de hacer todo lo posible para que estas respuestas existan, después de ayudar a discernir cuando alguien se lo plantea o cuando le ayudamos a que se lo plantee.

El papa Francisco hace esta constatación: «En muchos lugares escasean las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. Frecuentemente esto se debe a la ausencia en las comunidades de un fervor apostólico contagioso, lo cual no entusiasma ni suscita atractivo. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas. Aun en parroquias donde los sacerdotes son poco entregados y alegres, es la vida fraterna y fervorosa de la comunidad la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización, sobre todo si esa comunidad viva ora insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de especial consagración» (EG 107). 

Está claro que la crisis de vocaciones es una crisis de vida cristiana, y es en esta dirección que también tenemos que hacer lo posible para poner remedio con un compromiso formativo serio desde cualquier instancia educativa. La llamada –que siempre viene de Dios– puede hacerse sentir en cualquier lugar, lo que importa es crear el clima más favorable para que sea detectada, escuchada, meditada y respondida. 

«Una expresión del discernimiento –dice el papa Francisco– es el empeño por reconocer la propia vocación. Es una tarea que requiere espacios de soledad y silencio, porque se trata de una decisión muy personal que otros no pueden tomar por uno» (ChV 283). Como en todo, ello pide por parte de los adultos el acompañamiento que dedica tiempo, escucha atenta y paciente, intervenciones oportunas, como lo hace Jesús con los discípulos camino de Emaús (Lc 24, 13-35). «Esta escucha atenta y desinteresada –sigue diciendo Francisco– indica el valor que tiene la otra persona para nosotros, más allá de sus ideas y de sus elecciones de vida […]. Esta escucha se orienta a discernir las palabras salvadoras del buen Espíritu, que nos propone la verdad del Señor, pero también las trampas del mal espíritu –sus falacias y sus seducciones–. Hay que tener la valentía, el cariño y la delicadeza necesarios para ayudar al otro a reconocer la verdad y los engaños o excusas» (cf. ChV 292-293). Se trata, pues, de custodiar y cultivar las vocaciones, para que den frutos maduros. Son un «diamante en bruto», que conviene trabajar con atención, paciencia y respeto a la conciencia de las personas, para que brillen en medio del pueblo de Dios [Extraído de la Carta pastoral Bautizados, confirmados y enviados, 196-198 y 202]. 

Sants del dia

20/05/2024Sant Bernadí de Sena, santa Lídia, santa àurea.

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