Celebrando un año más la solemnidad de san José, el Día del Seminario, no podemos silenciar la preocupación que genera la falta de vocaciones al ministerio sacerdotal. Por ello y valorando al máximo la realidad presente de los que se preparan para el ministerio sacerdotal, os pido que proyectemos una mirada de afecto y gestos de participación corresponsable en el caminar de nuestro Seminario. Os lo pido de todo corazón. Es lo que hemos de conseguir de parte de cada cristiano, de cada comunidad parroquial y de cada movimiento evangelizador, como también de las personas concretas, presbíteros y diáconos, consagrados y consagradas, familias, laicos y laicas de nuestra Iglesia de Mallorca. A todos nos interesa que haya seminaristas, es decir, quien responda con valentía a la llamada que Dios hace a cada uno. No tan solo nos interesa, sino que tenemos que hacer lo posible para que estas respuestas existan, después de ayudar a discernir cuando alguien se lo plantea o cuando le ayudamos a que se lo plantee.

La llamada viene de Jesús y responder es una cuestión de fe en Él. De su parte hay una exigencia, pero también sobre todo una promesa. ¿Cuál es la exigencia? Recordemos el encuentro de Jesús con un joven inquieto: «Lo miró con afecto y le dijo: solo te falta una cosa: ves, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después ven y sígueme» (Mc 10,17-22). Se quedó desconcertado, él y los discípulos que presenciaban la escena. Jesús, después de decir que lo que es imposible a los hombres es posible para Dios, hace la promesa y dice a los que han elegido seguirle: «Os lo aseguro: todo el que por mí y por el Evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o tierras, recibirá ya en el tiempo presente cien veces más en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, campos, y también persecuciones, y en el mundo futuro, la vida eterna» (Mc 10,29-31). ¿Tiene sentido todo ello, hoy, cuando vivimos en el siglo XXI? ¿Tiene sentido darlo todo por Jesús, el Evangelio y los hombres y mujeres de las actuales y futuras generaciones? Jesús nos dice que sí, ¡es posible! Conviene, pues, entusiasmarse en ello y dejarse contagiar por la alegría del Evangelio.  

La llamada puede hacerse oír en cualquier sitio, lo que importa es crear el clima más favorable para que esta llamada sea detectada, escuchada, meditada y respondida. «Una expresión del discernimiento –dice el papa Francisco– es el empeño por reconocer la propia vocación. Es una tarea que requiere espacios de soledad y silencio…» (ChV 283). Esto pide, por parte de los adultos, el acompañamiento que dedica tiempo, escucha atenta y paciente, intervenciones oportunas, como lo hacía Jesús. «Esta escolta atenta y desinteresada –sigue diciendo Francisco– indica el valor que tiene la otra persona para nosotros, más allá de sus ideas y de sus elecciones de vida […] Esta escucha se orienta a discernir las palabras salvadoras del buen Espíritu, que nos propone la verdad del Señor, pero también las trampas del mal espíritu –sus falacias y sus seducciones–. Hay que tener la valentía, el cariño y la delicadeza necesarios para ayudar al otro a reconocer la verdad y los engaños o excusas» (cf. ChV 292-293).

 

  

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27/05/2024Sant Agustí de Canterbury, sant Juli, sant Restitut.

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