Me gusta el calificativo de hombre de esperanza

Lo dijo con todas las letras el mártir san Óscar A. Romero, obispo de El Salvador, asesinado hace unos años mientras celebraba la Eucaristía, todo un referente para los que queremos vivir la valentía que comunica el Evangelio cuando se arraiga en el corazón de la vida personal y del pueblo, una vida marcada por la esperanza activa que proviene de la fuerza de Cristo Resucitado. Este es su testimonio: «Me gusta el calificativo de hombre de esperanza. Creo que es mi misión. Yo he intentado sembrar esperanza, mantenerla en el pueblo. Hay un Cristo liberador que tiene fuerza para salvarnos. Yo intento poner a mi gente en esta esperanza. Como pastor, estoy obligado, por mandamiento divino, a dar la vida por aquellos que amo, que son los salvadoreños, incluso aquellos que vayan a asesinarme… Mi muerte, si es aceptada por Dios, será para la liberación de mi pueblo y como un testimonio de esperanza para el futuro. Puede usted decir, si llegan a matarme, que perdono y bendigo a los que lo hagan. Ojalá se convenzan que perderán el tiempo. Un obispo morirá, pero la Iglesia de Dios, que es el pueblo, no morirá jamás». 

Cuando Jesús nos dice «No os dejaré huérfanos: volveré. Dentro de poco, el mundo ya no me verá, pero vosotros sí que me veréis, porque yo vivo, y vosotros también viviréis. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros conmigo, y yo en vosotros» (Jn 14,18-20). ¿De qué vida se trata? ¿Es esta una propuesta llena de esperanza y de entusiasmo para un trabajo cada día más humanizador en favor de la vida de las personas? ¿No es acaso para nosotros y para todos los que puedan beneficiarse de ella una anticipación de la esperanza en la vida que Jesús nos promete para siempre? De nuestro corazón, puede nacer un vehemente deseo de vida. La fe cristiana nos dice que esta vida que se desea es eterna. ¿De verdad lo queremos: vivir eternamente? Es la pregunta por la vida, por su significado, por su auténtica dimensión, la de la eternidad. ¿Cuándo aparece e interviene en ella la esperanza?

La esperanza interviene en el momento de dar respuesta. Por ello, se nos anima a darla: «Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere» (1Pe 3,15). A punto quiere decir vivir un cristianismo «cristiano», es decir, la forma de vivir que ha tomado el modelo de Cristo para encarnarlo en la vida diaria. Justo un mes antes de morir, Rosa, una joven cristiana, delegada de la pastoral juvenil de la diócesis de Barcelona, escribía: «Somos llamados a vivir la esperanza. Porque este es el tiempo de nuestra respuesta cristiana, el tiempo de la fe, de la conversión, de la confianza, del crecimiento, de la práctica del Evangelio. Es nuestro tiempo, tu tiempo, mi tiempo. Y, en él, somos llamados a vivir la esperanza cristiana, sea cual sea la situación que vivimos. El dolor, la dificultad, la enfermedad, la cruz, no están vacíos de esperanza; cuando los aceptamos están llenos de una profunda esperanza, porque vivimos la actitud de espera del Señor, como dice el salmo: Espera en el Señor; sé valiente, y él fortalecerá tu corazón, ¡espera en el Señor! Nos referimos a la esperanza dirigida únicamente a Cristo, esta es nuestra esperanza».

Sants del dia

17/06/2024Sant Diògenes, sants Nicandre i Marcià, sant Rainer.

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