¡No olvidemos las raíces, cuidémoslas! – Ultima Hora

En el momento de felicitarnos la Navidad, sentimos el gozo de reencontrarnos en las raíces que nos dan la razón de festejarla. No es una inercia ni un toque de emoción, es un suceso que ha volcado la historia y la ha reorientado para siempre. Es Jesús, su nacimiento y unas circunstancias que hoy nos lo hacen revivir y del que hacemos memoria viva. Dicen los datos históricos que en aquel momento el mundo entero estaba en paz y que eso tenía que ver con la venida del Mesías anunciado y esperado. Las cuatro semanas que dura el Adviento están llenas de este anuncio y de esta espera, reconvertida por la fe y la caridad en esperanza. 

 

Precisamente de ello se trata. La esperanza está en las raíces, como la fe y la caridad. Por este motivo, podemos hacer que nazcan nuevos brotes de este tronco que es firme por la vitalidad de sus raíces. Felicitarnos por el nacimiento de Jesús significa desearnos ser felices por el fundamento que sostiene nuestra existencia y le da una nueva proyección de presente y de futuro. De presente, porque todo lo que decimos y hacemos sea hecho con el ardor, el estilo y la coherencia con que Jesús ha actuado y vivido; y de futuro, porque este, gracias también a Jesús, ya está asegurado por siempre y lo recibiremos como don. Navidad tiene estas raíces y nos invita a confiar, a pensar un presente y un futuro diferente de lo que suelen ser, sencillamente, costumbres y tradiciones. Un árbol sin raíces sabemos bien que no se aguanta ni tiene vida. 

 

Ir a las raíces de esta fiesta entrañable de la Navidad y felicitarnos es ir a Jesús, encontrarle, escucharle, descubrirle, conocerle, amarle, predicarle, testimoniarle. Ser misionero conlleva también ser discípulo. Cuando nuestra vida se deja iluminar por Él se convierte en luz para los demás, somos una nueva estrella que le señala e indica dónde está. Nos convertimos, entonces, en referentes inequívocos de su presencia salvadora. He aquí el momento en el que nuestra vida recibe la savia de las raíces que se alimentan y beben de toda la tierra, llena de tantas buenas semillas esparcidas por doquier, entre ellas la dignidad infinita que Dios ha sembrado en el corazón humano. Por eso, “Quienes se empeñan en la defensa de la dignidad de las personas -dice el papa Francisco- pueden encontrar en la fe cristiana los argumentos más profundos para ese compromiso” (LS’ 65). En estos momentos existen muchos frentes por atender y remediar. ¡Hagámoslo!

 

La felicidad que nos deseamos ha de encontrar las raíces de la ternura; del buen trato; de la alegría sincera; del consuelo luminoso; del amor solidario con los que viven la soledad, el sufrimiento, el paro, la violencia, la enfermedad y la pobreza; la felicidad que nos deseamos también tiene que encontrar las raíces de la alegría del Evangelio que llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús; tiene que encontrar la paz que hermana personas y pueblos, la justicia que tritura muros y barreras, que hace que la cultura de la muerte, de la mediocridad y de la indiferencia den paso a la cultura de la Vida, a la del reencuentro amistoso entre las personas, con la naturaleza y con Dios. Jesús, con su nacimiento, ha sido el que lo ha hecho posible y María, su madre, con su “sí” generoso e incondicional, se ha ofrecido en nuestro nombre a cooperar con el designio de Dios de salvar a la humanidad desde sus propias raíces. ¡Agradezcámoslo de todo corazón! 

¡Santa Navidad y feliz Año nuevo! 

Sants del dia

18/08/2022

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